Uno de los problemas más grandes que enfrentan las generaciones de hoy en día es la falta del hábito de lectura, hacer partícipe a los libros de su cotidianidad parece ser una de las principales barreras que están presentes en los jóvenes, sumandole la inmediatez de los medios y las nuevas tecnologías, todas estas reúnen la información necesaria para que cada vez las personas se esfuercen menos en recaudar información a través de un libro, volviendo así a la lectura un hábito tardado e incluso aburrido para algunos.
El problema de la lectura es grave en México ya que, de acuerdo con “El Economista”, el mexicano promedio lee de 1 a 3 libros al año, de los cuales solo 2 de cada 10 personas leen completamente lo que comenzaron leyendo. Sin embargo, el porcentaje de población más importante son los estudiantes, en específico, los universitarios. Este sector de la población representa el presente y futuro directo de la sociedad, es decir, estamos hablando de los próximos líderes del campo laboral, y es también una realidad que cada vez se contratan más personas que leen menos, incluso en muchas ocasiones parece no ser un requisito previsto en las entrevistas de trabajo, lo cual provoca que hay menos exigencia en ese ámbito y que esto haga que el hábito de la lectura quede enterrado como una práctica “vieja escuela”.
Realizando un breve sondeo en el campus Xalapa de la Universidad Anáhuac Veracruz, pudimos tener un pequeño panorama sobre el tema. Los jóvenes ya no centran su interés en la lectura, y aunque lo consideran importante, es una práctica que pocos hacen. “Si me gusta leer, pero solo en lo que estoy interesada”, respondió́ Karla Canseco, estudiante de quinto semestre de Comunicación.

Como consecuencia de la poca demanda, la industria editorial ha tenido que alzar sus precios para poder mantenerse a flote, haciendo casi una paradoja literaria el que algunos jóvenes no se acerquen a la lectura por el alto precio que representan los libros. “Los precios están muy inflados y no cualquiera puede tener un libro que le guste, tienen que ahorrar a fuerza”, comentó Iván Pacheco, estudiante de la licenciatura de Dirección de Empresas de Entretenimiento.

El interés de los alumnos ha decaído, esa es una realidad, sin embargo, todos los estudiantes coinciden que la lectura es un hábito que debe enseñarse en casa pues, si se practica desde una temprana edad, es más fácil que se vuelva parte de sus vidas. Entonces, la lectura tiene una solución que está en manos de todos, sin tratar de obligar a nadie, haciendo todo lo posible para que los jóvenes se interesen por la lectura casi por instinto, por una necesidad, como un gusto más que una obligación, que puedan descubrir los mundos fantásticos y amplios panoramas que ofrecen las historias. Por tal razón recuerden que, si no abren un libro no pasa nada, pero si lo abres, pasará todo.
Por: Maximiliano Castro Pérez






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