“Hace tiempo no veo lagrimas caer pues las palabras con filo fluyen al derramar tinta sobre el papel, sangro heridas, sangro traumas, sangro el dolor por perder a esas personas que tanto amaba. Mi talento no es más que una maldición. Me duele despertar y respirar, esta horrible necesidad de crear cada día me consume más y con cada palabra la vida me arrebata felicidad. El tiempo ha pasado y la oscuridad me ha cautivado, cuento los minutos y las horas, esperando el día en el que mi existencia se apague para que este tormento que llaman vida se acabe.”
-Artista atormentado

Son innumerables artistas aquellos que crean sus obras refugiados en el dolor, creyendo que la destrucción y sufrimiento de uno mismo es el camino a la creatividad. Pero, si el proceso creativo es algo que los hace sentir tan mal ¿por qué se someten a él?
El fenómeno de romantizar el sufrimiento no es algo nuevo, personajes importantes dentro del mundo de las artes pasaron por lo mismo. Oscar Wilde decía “La existencia de un artista es un suicidio prolongado y encantador”. Dando a entender que la vida del ser creativo estaba destinada a un eterno dolor. Francis Bacon añadió “Los sentimientos de desesperación e infelicidad le son más útiles al artista que el de satisfacción, porque la desesperación y la infelicidad fuerzan al máximo la felicidad”. Hoy en día, la idea del artista atormentado ha sido moldeada y alimentada por el halo de romanticismo creado alrededor de sus antecesores artísticos y ha sido reflejada en numerosas películas, libros, redes sociales y el arte en sí mismo. Se invita al artista a tener siempre a la mano su oscuro pozo de dolor (como decía Rufus Wainwringht), idealizando aquella figura que la pasa mal y realiza actos desesperados con tan de tener una obra de valor y calidad.
Así mismo, a menudo las adicciones, el suicidio y los trastornos mentales como la depresión o la bipolaridad se consideran como parte del paquete que conlleva ser artista de cualquier disciplina, esto se debe a que artistas reconocidos por sus obras brillantes como: Virginia Woolf, Edvard Munch, Van Gogh, Sylvia Plath, Frida Kahlo, Ernest Hemingway y muchos otros artistas sufrieron estos padecimientos.

Entonces, ¿acaso el ser artista es más propenso a tendencias depresivas? Según Pablo Martínez, psiquiatra y expresidente de la Alianza Evangélica Española, los artistas están inclinados a tener más reacciones depresivas, más no depresiones clínicas. La soledad, la alta sensibilidad y el temperamento que tienen les obliga a estar constantemente absorbiendo los estímulos del exterior haciéndolos más vulnerables a las reacciones depresivas.
Sin embargo, esto no significa que haya una relación comprobada, específica y que esta influya en mejorar la creatividad de una persona. El International Center for Studies in Creativity en el año 2017 publicó un artículo en el que se hablaba sobre una pequeña relación entre la esquizofrenia y la creatividad en el que se concluye que si bien hay síntomas que apoyan la creatividad, los síntomas completos la perjudican.
De la misma manera, la creatividad y los trastornos mentales no se limita en carreras o profesiones, no son exclusivos de los artistas; los contadores, doctores, ingenieros, maestros o meseros son creativos en su propia manera y también son candidatos para tener alguno de estos padecimientos. En un estudio realizado por Jonh Hopkins University en 1990 en el cual se buscaron profesiones con prevalencia en enfermedades mentales, se encontró que los abogados tuvieron la tasa más alta de trastornos depresivos. Además, en el año 2016 el Centers for Disease, Control and Prevention descubrió que los trabajadores de granja y los pescadores eran quienes tenían la tasa más alta de suicidio.
La verdad que muchos artistas atormentados no quieren aceptar es que estas patologías no hacen ni al artista ni a su trabajo. Muchos se aferran al dolor como un método de validación, pensando que si el proceso fue doloroso, incomodo o tormentoso entonces su trabajo merece ser admirado. Con esto, no quiero decir que el crear una obra de arte deba tener un proceso creativo sin dificultades y totalmente ameno. Crear o innovar es una tarea complicada que requiere el complemento de muchos elementos como la técnica, el talento, la habilidad y el conocimiento. Sin embargo, el artista debe entender que el dolor no forma parte de estos elementos básicos de creación y que tampoco hace su obra mejor.

Según la Organización Mundial de la Salud “la creatividad dentro de los elementos indispensables para la resiliencia. La creatividad también es importante para recuperar la vitalidad y tener, por tanto, una mejor calidad de vida; para la solución de problemas y para tener una conducta más adaptativa”. Y si bien el arte puede servir como un medio terapéutico o de expresión, las emociones negativas no son las únicas que existen ni tampoco el único objetivo del arte. Hay tanto obras que muestran la tristeza como otras que expresan felicidad, otras que llaman a usar la voz o simplemente señalar una problemática.
Sin embargo, creer que el sufrimiento y destrucción son las únicas maneras de convertirse en un buen artista, y el ser consciente de someterse a estas situaciones de manera intencionada, limita y afecta tanto a la obra como al proceso creativo y la salud mental.
Elizabeth Gilbert, autora del libro “Libera tu magia”, escribe en este: “la creatividad crece como la hierba silvestre por las grietas que hay entre nuestras patologías y no de las patologías en si”. El sufrir de depresión, adicciones o anhelar sufrir de la manera más shakesperiana no hace ser mejores artista y tampoco trabaja como musa. Son padecimientos serios que necesitan ser tratados por profesionales. La comunidad no puede seguir romantizando la idea del artista atormentado, pues al final del día, es solo eso, una idea.
Por: Natalia Domínguez Herrera





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