
El 7 de abril de 2025 se apagó una de las luces más brillantes del firmamento televisivo mexicano: Guillermo del Bosque, productor visionario, creativo incansable y pieza clave en la transformación de la televisión de entretenimiento en nuestro país. Su legado no solo se mide en programas icónicos o cifras de rating, sino en la manera en que entendió al público y supo conectar con él a lo largo de más de tres décadas.
Memo —como todos en la industria lo llamaban— fue mucho más que un productor: fue un curador de tendencias, un buscador de talentos y un generador de formatos que marcaron generaciones. Desde su paso por Televisa hasta la creación de su propia casa productora, fue pionero en apostar por contenidos frescos, juveniles y arriesgados, en una época donde lo tradicional aún dominaba las pantallas.
Telehit: La revolución musical hecha televisión

Uno de los momentos más emblemáticos de su carrera fue su paso por Telehit, el canal de música y entretenimiento que revolucionó la forma de ver televisión juvenil en México y América Latina durante los años 90 y 2000. Memo del Bosque no solo fue productor, fue el motor creativo detrás de un canal que marcó a toda una generación.
Bajo su dirección, Telehit dejó de ser solo un canal de videoclips para convertirse en una plataforma de talentos, humor y cultura pop. Programas como El Calabozo, Ping Pong, Black and White, D-Generación, y Desde Gayola, Guerra de Chistes, mezclaban música, irreverencia y sátira social con una estética que definió el tono de toda una era. Gracias a su liderazgo, nacieron íconos televisivos como Facundo, Horacio Villalobos, Esteban Arce, Adal Ramones, Omar Chaparro y Yordi Rosado.
Más allá de los nombres, lo que Memo hizo fue generar una identidad. Telehit era joven, rebelde, atrevido y muy mexicano. En un momento donde la globalización parecía arrasar con todo, él supo crear contenido local con ADN universal.
Un maestro del prime time

Del Bosque entendió que la televisión no solo debía entretener, sino formar parte de la conversación social. Él fue el responsable de fenómenos como Otro Rollo, La hora pico, No manches, y Décadas; espacios que no solo rompieron esquemas, sino que se convirtieron en semilleros de talentos como Adal Ramones, Consuelo Duval, Roxana Castellanos y muchos más.
Su olfato para detectar lo que el público quería ver —antes de que siquiera lo supiera— fue una de sus mayores virtudes. Supo mezclar humor, música, irreverencia y espectáculo en fórmulas que hoy parecerían simples, pero que en su momento rompieron moldes. Fue un adelantado a su época, impulsando el entretenimiento en vivo, los talk shows de formato híbrido, e incluso apostando por la fusión entre comedia y crítica social.
El productor que entendía el pulso del pueblo

En un país tan diverso y contrastante como México, hacer reír y emocionar a millones no es tarea fácil. Memo del Bosque lo logró no una, sino muchas veces. Su legado no se limita a los títulos de sus programas, sino a la capacidad que tuvo para generar comunidad, para crear espacios donde las y los mexicanos pudieran verse reflejados, reírse de sí mismos y encontrar un respiro en medio de las realidades cotidianas.
Además, Memo fue un promotor del entretenimiento con causa. Su lucha personal contra el cáncer lo mostró como un hombre resiliente, generoso y profundamente comprometido con la vida. Incluso durante sus tratamientos, no dejó de trabajar, de proponer, de abrir puertas para nuevas generaciones de productores, conductores y creativos.
Un legado vivo para quienes hoy estudiamos la industria

Para quienes buscan formarse en el mundo del entretenimiento, Memo del Bosque no solo es una referencia obligada, sino una inspiración. Nos enseñó que crear contenido de calidad no está peleado con lo popular, que el humor puede ser inteligente, y que detrás de cada gran programa hay un equipo de soñadores que trabajan con pasión y disciplina.
Su vida es un caso de estudio que vale la pena analizar en las aulas: desde su lectura del mercado hasta su manera de construir formatos, pasando por su habilidad para formar equipos talentosos y mantenerlos motivados. Su fallecimiento deja un vacío, sí, pero también una ruta trazada para quienes quieren seguir contando historias que conecten, emocionen y dejen huella.
Memo del Bosque ya es leyenda. Y como toda buena leyenda, vivirá en cada risa provocada, en cada sketch inolvidable y en cada nuevo creador que entienda que el entretenimiento no es un negocio de cifras, sino de emociones.
Por: Irwing Contreras Sánchez





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